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La industria de la excusa
Cuando usted dice 'había trancón', está haciendo tres cosas a la vez. Ninguna es inocente.
La excusa no es inocente. Cuando usted llega tarde y dice «había trancón», está haciendo tres cosas simultáneamente. Ninguna de ellas es inocente.
Primero, describe un hecho. Correcto: el tráfico existe. Segundo, se declara inocente ante él, como si el trancón fuera un meteorito y no una variable predecible que se calcula saliendo antes. Tercero —y esto es lo grave— le pide al otro que absuelva el incumplimiento con un gesto comprensivo.
La mejor excusa siempre fue cumplir.
El que cumple no se explica. El que se explica, cumple a medias. Y el que se explica con elegancia ha aprendido a vender —incluso a sí mismo— la ilusión de que un incumplimiento bien narrado es equivalente a un resultado.
Industria
A la excusa la llamo industria porque produce, distribuye y consume. Produce alivio inmediato. Distribuye la culpa hacia afuera. Y consume —silenciosamente— la confianza que los demás tenían en usted, mientras usted cree que todavía está intacta.
Deje de pagar el arriendo de esa industria. Salga antes. Cumpla. El mundo entero se reorganiza alrededor del que hace lo que dijo que iba a hacer.