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Emprendedor · Autor · Conferencista

Óscar Fabián

Trabajo con empresas y con empresarios en tecnología, sistemas e inteligencia artificial — y en el pensamiento crítico que hace falta para decidir sobre las tres.

Óscar Fabián, asesor en inteligencia artificial y autor de Malpensador

i. Quién le habla

Alguna vez me dijeron
oveja negra.

Nací en Bogotá en 1984 y desde niño fui de los que preguntan de más. Mi primer negocio fueron mis propios juguetes: los vendía. Después, ya en el colegio, lo que buscaba era dónde comprarlos para volver a venderlos. Buscaba trabajo, eso sí, pero por la edad nadie me daba ninguno. Así que me lo inventaba.

No era un caso perdido, pero tampoco era el estudiante estrella, y eso me costó años de problemas con profesores y con mis papás. Me tomó bastante tiempo entender que lo que me señalaban no era un defecto de carácter sino una manera de mirar, y que esa manera de mirar iba a terminar siendo mi oficio.

Me gustaron los computadores temprano, en una época en que la palabra «marketing» solo se oía en las empresas grandes. A los quince ya diseñaba mis propios avisos y mis propios volantes para promocionar lo que se me iba ocurriendo. Nadie me enseñó: tenía curiosidad y tenía afán de salir adelante, y esas dos cosas juntas alcanzan para mucho.

Después vino todo lo demás. He montado más de diez empresas y tres siguen en pie; lo cuento así, sin rodearlo, porque me parece un dato más útil que cualquier presentación. Buena parte de esos años los pasé en la música: fui DJ y armé eventos, que es un oficio que la gente confunde con poner canciones. Un evento de mil personas es nómina, proveedores, permisos, un camión que no llegó y mil boletas ya pagadas que nadie va a devolver. Ahí aprendí a sostener un equipo a las tres de la mañana cuando algo se está cayendo, y a leer una sala en tiempo real: qué está funcionando, qué hay que cambiar ya, sin poder consultarlo con nadie.

Lo intenté mucho, y un día algo se rompió. No lo voy a contar acá —está en el libro, y contarlo de afán le quita lo que tiene—. Lo que sí le puedo decir es lo que me tomó más de siete años entender: lo que me faltó no fue plata ni fue suerte. Fue una conversación. Alguien que me hiciera las preguntas que yo no me estaba haciendo. Esa conversación me habría ahorrado años de lamentar algo que estaba en mi mano reducir.

Hoy tengo empresas que funcionan y que me dan la tranquilidad de sentarme a escribir. Pero no escribo por escribir: escribo porque me gusta enseñar. Si de todo esto una sola persona saca algo que le sirva, el tiempo ya valió la pena.

ii. El libro

No es mi biografía,
aunque esté hecha de lo que me pasó.

Nadie lee la autobiografía de alguien que no conoce, y con razón. Lo que hay en Malpensador no es mi vida: es lo que saqué de ella y cómo lo aplico hoy. Cada capítulo termina en algo que se puede usar —una manera de decidir, un error que se puede ver venir, una pregunta que conviene hacerse antes de firmar—. Yo puse lo vivido; lo que me interesa es lo que usted haga con eso.

Empecé a emprender siendo apenas un niño. En este libro está la conversación que nadie tuvo conmigo.

Ver el libro

iii. En qué ando hoy

Dos cosas, además de escribir.

Asesoro empresas
en inteligencia artificial

Qué automatizar, qué dejar quieto y qué les están vendiendo de más. Es el trabajo al que le dedico más horas.

Cómo funciona

Hablo frente
a equipos

Del repertorio, o armada para lo que la empresa esté atravesando. La medida de que salió bien es que la gente salga pensando distinto, no aplaudiendo.

Ver conferencias

¿No viene por su empresa sino por usted? Empiece por aquí

iv. Lo que suelen preguntarme

Preguntas frecuentes.

¿En qué le puedo ayudar exactamente?

En decidir. La mayoría de las empresas que me buscan no necesitan otra herramienta: necesitan saber cuál de las que les están ofreciendo les sirve, cuál no, y qué parte de su operación no conviene automatizar todavía. Eso es lo que hago, y cuando la respuesta es que no me necesita, se lo digo.

¿Por qué «Malpensador»?

«Malpensador» fue el nombre que encontré para resumir mi manera de ver la vida: con criterio y con método. No se trata de desconfiar de todo lo que uno ve o le dicen — se trata de no quedarse con la primera versión, porque casi siempre hay una mejor. Es pensar distinto, no es pensar mal.

¿Cómo empieza una asesoría?

Con una conversación de treinta minutos, sin costo y sin presentación de por medio. Si me escribe contándome qué está pasando adentro, llego sabiendo de qué se trata y no se nos van esos treinta minutos en preguntas de trámite.

¿Cómo conozco las tarifas?

Escribiéndome y contándome qué necesita. No hay lista de precios porque no hay dos encargos iguales: cada propuesta se arma sobre lo que su empresa necesita y no sobre un paquete, y eso cambia el alcance, el tiempo y el valor. Una charla de una hora para un equipo de diez y acompañar una decisión durante varios meses son trabajos distintos, y su caso también va a tener lo suyo. Con eso en la mano le paso una cifra concreta, no un rango para negociar después.

¿Qué me hace distinto de una consultora de tecnología?

Que yo puse la plata. He montado más de diez empresas y tres siguen en pie; sé lo que cuesta equivocarse porque me costó a mí, no a un cliente. No le voy a explicar una herramienta que nunca tuve que pagar.

v. Hablemos

Si quiere escribirme, por aquí llego.

Sirve igual para una asesoría, para una conferencia o para decirme algo del libro. Si me cuenta de qué se trata, llego a la conversación sabiendo dónde estamos parados.

¿Prefiere escribir directo? vengaledigo@malpensador.com